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Pilas con el antejardín

El antejardín es un elemento clave en el paisaje urbano bogotano de los últimos 80 años. Sin embargo no muchos saben qué y cómo son, ni cuánto afectan la calidad de nuestras calles y barrios.

Hace un par de años me vi envuelto en una larga discusión en Twitter acerca de un proyecto en construcción que supuestamente ampliaba el espacio público a cambio de ganarse varios pisos de altura, en virtud de un decreto de la administración Petro. Hace pocas semanas ocurrió algo parecido, esta vez sobre la perversa costumbre de parquear carros en los andenes. En ambos casos pude notar que los bogotanos tenemos un gran desconocimiento sobre la figura del antejardín, lo cual es lamentable porque son un componente clave de nuestro espacio urbano. Como el tema no puede explicarse en 140 caracteres, voy a intentar por este medio una breve introducción.

El antejardín no necesariamente es jardín pero siempre es ante

Es importante distinguir la idea coloquial de “antejardín” (una zona verde con vegetación, adornando el frente de un inmueble) de su definición normativa, parecida pero no igual. En adelante vamos a hablar solo de la segunda. En esta acepción, el antejardín es un aislamiento: el retroceso que debe dejar una edificación contra la vía pública (ojo, no confundir “vía” con “calzada”: la vía incluye los andenes). Puede tener cerramiento o no, ser verde o duro, estar al mismo nivel del andén o no, y seguir siendo el antejardín. En muchos lugares –especialmente avenidas comerciales- andén y antejardín tienen un mismo material de acabado, sin una marca visible que indique el límite entre ambos, por lo que se perciben como una unidad (un andén muy ancho).

Entre la casa y el cerramiento: “antejardín”; del cerramiento hacia afuera: “vía pública”. La vía pública incluye los andenes y la calzada.

Integración de los andenes con los antejardines. Ciertos cambios de material o de nivel permiten identificar el límite entre ambos.

Calle del barrio La Estrella (Ciudad Bolívar). La ausencia de antejardines contribuye a la alta densidad de las urbanizaciones de origen informal.

La dimensión de los antejardines en Bogotá está definida por las normas (que han ido variando con el tiempo), siendo usualmente entre 3 y 5 metros. Los antejardines solo aparecen en Bogotá con la expansión urbana de los años treinta del siglo XX, por lo que el centro tradicional carece de ellos; tampoco aparecen en la ciudad informalmente urbanizada. Es decir, son característicos de la ciudad construida formalmente en las últimas 7-8 décadas.

Los planos de parcelación tienen indicados los antejardines. Aquí, el diseño de Guillermo Bermúdez para una manzana del barrio Polo Club, 1968. Los lotes tienen doble frente (y doble antejardín).

En esa manzana se construyó un proyecto de Jiménez y Cortés Boschell. Los locales del primer piso utilizan el antejardín para exhibir sus mercancías. La ciclorruta ocupa el andén.

El antejardín no es público ni privado, sino todo lo contrario

El decreto 159 de 2004 de la Alcaldía Mayor define antejardín como un “área libre de propiedad privada perteneciente al espacio público”. Las normas distritales permiten cerrarlos con rejas, hacer sótanos bajo ellos o utilizarlos temporalmente para usos comerciales, pero no se pueden “cubrir ni construir”, no pueden tener escaleras o desniveles, ni pueden cerrarse con elementos que obstruyan la vista.

Por supuesto, semejante enredo promueve todo tipo de interpretaciones y abusos. No se puede consumir licor en el espacio público, pero se hace en el antejardín de bares y restaurantes. Está prohibido parquear en el antejardín, pero los concesionarios exhiben sus vehículos allí. La mayoría de locales comerciales que utilizan el antejardín lo “cubren” y lo “construyen” con elementos nada temporales. Los propietarios de viviendas unifamiliares hacen todo tipo de intervenciones en sus antejardines para proteger sus carros, ampliar sus casas o montar algún negocio.

Parque de la 93. “Zona de tolerancia” en materia de antejardines.

Barrio Veraguas. La inseguridad es el argumento más frecuente para construir el antejardín.

Barrio La Soledad. Antejardín (izquierda) completamente cerrado e incorporado al inmueble.

Las autoridades han declarado una tregua (casi) total

Como con muchos otros asuntos, la norma y la realidad van por lados distintos. Habiendo abandonado las autoridades por tanto tiempo el control a la invasión de los antejardines, una acción decidida por parte de alguna alcaldía desataría una crisis social, económica y política sin precedentes. Este estado de cosas favorece a los más abusivos. Dos ejemplos de empresas reconocidas, a las que la invasión “típica” del antejardín les pareció insuficiente, y decidieron ir más allá:

Aquí Farmatodo incorpora completamente el antejardín al área privada de su local. Es decir, a diferencia de sus vecinos, la fachada del local está en el lindero.

Aquí CitiParking incorpora completamente el antejardín al área de maniobra y parqueo de vehículos. Habría que decir “los antejardines”, porque hace lo mismo en la calle y la carrera.

La tregua, sin embargo, es relativa. He conocido un par de casos de comerciantes (contraventores también, hay que decirlo) a quienes han visitado funcionarios de las alcaldías locales, pidiéndoles una “colaboración” para no multarlos y/o demoler lo que sea que tienen construido en el antejardín. Nada nuevo bajo el sol bogotano.

Polipolis

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