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Sobre la (alta) densidad de Bogotá

 

En los últimos años el debate sobre si Bogotá debe expandirse o densificarse ha sido tan intenso como maniqueo. Ciertos artículos de prensa han señalado que ya vivimos en una de las ciudades más densas del mundo.

Esto requiere algunas aclaraciones. Empecemos por la básica: en urbanismo, densidad hace referencia a una cantidad de cualquier cosa -árboles, bolardos, buses- por unidad de área. En el debate de marras se está hablando de la densidad poblacional (en adelante Dp): el número de habitantes por hectárea o kilómetro cuadrado.

Las dificultades al comparar densidades

Un problema al comparar densidades proviene de la heterogeneidad del tejido urbano: dos zonas similares y cercanas entre sí pueden tener Dp muy diferentes por cuenta, por ejemplo, de un parque que sirva a ambos pero se contabilice solo en uno. Un sector generoso en espacio público puede tener la misma Dp que otro con grave déficit, según sean las edificaciones que los conforman. Comparar la Dp de áreas pequeñas, como el barrio, es especialmente vulnerable a estas distorsiones.

Otro problema surge al comparar distintas realidades administrativas: lo que se llama “ciudad” en un país puede incluir suburbios, reservas naturales o cuerpos de agua, mientras en otro caso solo corresponder al centro. Incluso el nombre de una ciudad puede denominar a su centro, a su centro ampliado y a su área metropolitana, simultáneamente. Comparar la Dp de áreas grandes y de difícil definición, como la ciudad, es igualmente inconveniente.

Es preferible comparar densidades en áreas de tamaño intermedio, que incluyan vías, equipamientos y espacios públicos de distintas escalas, como las localidades bogotanas.

La densidad poblacional de Bogotá, por localidad

El cuadro a continuación tiene en cuenta solo el suelo urbano, por lo que no aparece la localidad de Sumapaz. Las cifras de población fueron tomadas del sitio web de la Alcaldía en 2016.

Como se ha dicho a menudo, es curioso que las localidades menos densas sean las centrales. Esto se debe principalmente a las pocas avenidas, parques y equipamientos, y a la mayor proporción de edificaciones dedicadas a la vivienda, de las zonas periféricas en comparación con las centrales. Ahora comparemos con algunas divisiones administrativas de ciudades en países con mayor nivel de desarrollo.

Estas son las divisiones administrativas más densas, en ciudades a su vez densas. Como puede verse, las Dp de dichas localidades son comparables con las bogotanas de mayor densidad, o incluso mayores. El caso del condado de Manhattan es muy diciente, pues generalmente se considera que tiene una alta calidad urbanística pero mismo tiempo cuenta con una Dp casi 25% superior al promedio de Bogotá. Sería interesante comparar otras densidades –de andenes, de zonas verdes públicas, de árboles- para entender dónde están los déficits más graves de Bogotá y cuáles serían las intervenciones prioritarias para mejorar su habitabilidad.

La densidad del “área metropolitana de Bogotá”

Bogotá no cuenta con un área metropolitana formal, ni está claro cuáles de los municipios cercanos harían parte de ella, pero seguramente la lista siguiente se acerca bastante. El cuadro incluye el área total de cada municipio y el área urbana de Bogotá. Las cifras de población son las estimadas por el DANE para 2016.

Como ya se mencionó, la comparación de áreas administrativamente disímiles se presta para distorsiones, pero veamos la Dp de algunas conurbaciones en otros países.

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Ningún urbanista responsable se atrevería a sugerir que la expansión y la densificación de Bogotá sean excluyentes. Hay razones poderosas –culturales, económicas, logísticas- para justificar un crecimiento del área urbanizada de la Sabana, que obviamente debe darse de manera más organizada que la actual. La constitución legal de un área metropolitana es indispensable para esto, y se espera que ocurra en los próximos cuatro años.

Hay razones aún más importantes –disfrute de los servicios que ofrece la ciudad, preservación de tierras agrícolas, menores emisiones de CO²- para promover la densificación de ciertas zonas, atendiendo a unos índices de espacio público, zonas verdes y equipamientos urbanos que ni siquiera se han estudiado suficientemente en Bogotá. En todo caso las cifras de densidad poblacional demuestran que ambas cosas -expansión y densificación- son posibles y deseables. Como casi siempre, el problema es de calidad, no de cantidad.

 

Polipolis

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